La descarbonización en la industria del acero suele plantearse como una agenda impulsada por grandes inversiones y cambios estructurales significativos en los procesos productivos. En los últimos años, esta visión ha ganado fuerza a través de proyectos basados en Hornos de Arco Eléctrico y rutas de Reducción Directa, motivados por la necesidad de reducir las emisiones de CO₂.
Al mismo tiempo, muchos de estos proyectos han sido postergados o incluso cancelados. No porque haya disminuido la urgencia de reducir emisiones, sino debido al aumento de las restricciones económicas, operativas y de competitividad.
Este contexto pone de manifiesto un punto crítico: la descarbonización en la siderurgia no necesariamente comienza con un cambio en la ruta productiva. Comienza con la forma en que se toman las decisiones dentro del proceso existente.
La industria del acero convive con objetivos de eficiencia desde hace décadas. Mucho antes del actual debate sobre el carbono, el sector ya trabajaba de manera continua para:
Estas mejoras siempre han tenido un impacto directo en la reducción de la intensidad de emisiones por tonelada de acero producida. Esto significa que la eficiencia operativa y la sostenibilidad nunca han sido temas separados. Operar de manera más eficiente siempre ha significado emitir menos.
Lo que ha cambiado hoy no es el principio, sino el nivel de exigencia. Las emisiones ahora se miden, monitorean y comparan explícitamente.
Hoy en día, el sector siderúrgico opera bajo múltiples restricciones simultáneas:
En este escenario, los proyectos estructurales de descarbonización a gran escala enfrentan importantes desafíos de viabilidad económica en el corto y mediano plazo. Esto no elimina la necesidad de reducir emisiones, pero desplaza el foco hacia soluciones que ofrezcan resultados inmediatos, riesgo controlado y retornos medibles.
Dentro del debate actual sobre la descarbonización en la siderurgia, se han discutido diversas iniciativas tecnológicas como posibles caminos para reducir las emisiones de CO₂, especialmente en rutas basadas en altos hornos y plantasintegradas. Estas iniciativas refuerzan la tendencia de buscar soluciones a nivel de proceso, a menudo asociadas a una mayor complejidad operativa y a la necesidad de inversiones significativas.
Ejemplos de ello incluyen el uso de hidrógeno como agente reductor, la carga de hierro esponja en altos hornos o el uso de chatarra precalentada en la alimentación de los convertidores.
Para identificar dónde se encuentran las verdaderas oportunidades de reducción, es fundamental comprender los diferentes alcances de las emisiones de carbono.
Se refiere a las emisiones generadas directamente por la propia operación. En la siderurgia, esto incluye principalmente la combustión de combustibles en altos hornos y hornos de proceso, el uso de reductores como el coque y el carbón, y las reacciones químicas inherentes a la producción de hierro y acero.
Estas emisiones están directamente influenciadas por decisiones operativas, especialmente por la selección y combinación de materias primas.
Este alcance incluye las emisiones asociadas a la generación de la electricidad consumida por la planta. Cuanto mayor es el consumo y más intensiva en carbono es la generación eléctrica, mayor es el impacto.
La eficiencia operativa, la productividad y el consumo específico de energía son palancas directas sobre este alcance.
Este alcance abarca las emisiones indirectas a lo largo de la cadena de valor, como la producción y el transporte de materias primas, la logística y, en algunos casos, el uso del producto final.
Aunque estas emisiones dependen de factores externos, las decisiones sobre proveedores, insumos y rutas logísticas tienen una influencia significativa.
Una parte significativa de las emisiones de la industria del acero, especialmente dentro de los Alcances 1 y 2, está directamente vinculada a decisiones operativas rutinarias, tales como:
Estas decisiones no son independientes. Cambiar una materia prima afecta simultáneamente el consumo de energía, la estabilidad del proceso, el costo y las emisiones. Por esta razón, las decisiones aisladas rara vez generan buenos resultados globales.
Para evaluar de forma objetiva el impacto de estas decisiones, Cassotis realizó análisis rigurosos de escenarios utilizando su solución integrada de optimización de costos, que también estima las emisiones en función del uso de materiales y los niveles de producción. El modelo matemático representa toda la cadena productiva e incluye los distintos balances másicos, químicos y térmicos de cada unidad de producción. También captura el impacto de la calidad, tanto de las materias primas como de los productos intermedios, en los indicadores de eficiencia del proceso y en los requerimientos de combustible.
Se simularon dos escenarios de carga utilizando el modelo aplicado a una acería integrada compuesta por coquería, planta de sinterización, altos hornos y convertidores. La primera simulación priorizó materiales de menor eficiencia operativa y de calidad inferior. La segunda se centró en materias primas de mayor calidad y mejor eficiencia.
Como era de esperarse, el primer escenario dio como resultado mayores emisiones de CO₂ en los Alcances 1 y 2, totalizando 2,45 toneladas de CO₂ por tonelada de acero producido.
En el segundo escenario, el uso de materias primas de mayor calidad y eficiencia condujo a menores emisiones, reduciéndolas a 2,11 toneladas de CO₂ por tonelada de acero.
El resultado fue una reducción del 14% en las emisiones totales, lograda únicamente mediante el uso de materiales de mejor calidad.
La principal conclusión del experimento fue clara. Las materias primas desempeñan un papel decisivo en la intensidad de emisiones de la siderurgia.
Los cambios en la mezcla de insumos y en la calidad promedio utilizada afectan directamente:
Estos resultados ponen de relieve el potencial de reducción de emisiones a través de las decisiones sobre materias primas cuando el sistema se analiza de manera integrada.
Las cargas simuladas mostraron costos significativamente diferentes. ¡Esto es un hecho! Elegir materias primas de mayor calidad para reducir las emisiones puede aumentar de forma considerable el costo de las mezclas de materiales.
Sin embargo, una mayor calidad también genera reducciones indirectas de costos, como en fundentes y energía, y mejora las condiciones operativas, lo que permite obtener mejores rendimientos y mayores niveles de producción.
Además, en algunas regiones del mundo, las penalidades económicas por emisiones de CO₂ deben considerarse en el momento de la toma de decisiones. En estos casos, la compra de materias primas de mayor calidad puede resultar favorable, ya que el aumento del costo puede verse compensado por una reducción de las penalidades por emisiones.
Todo esto demuestra la complejidad de las decisiones relacionadas con las materias primas, un tema que debe abordarse mediante una optimización integrada que contemple simultáneamente todos estos aspectos.
Este estudio demuestra cuán fuertemente las emisiones de CO₂ están influenciadas por la selección de materias primas, independientemente de la ruta productiva.
También muestra que las consideraciones ambientales deben formar parte de esta decisión, especialmente para las plantas con objetivos ambiciosos de reducción de emisiones o aquellas sujetas a penalidades relacionadas con el carbono.
Esto abre un camino potente de optimización, con importantes palancas sobre costos y emisiones. Cassotis actúa precisamente en esta intersección, transformando la complejidad operativa en decisiones económicas superiores, con un impacto real en costos y carbono.